viernes, 30 de diciembre de 2011

¡Oh, Musa!...

1 y media de la madrugada.
Tumbado. Pensando.
Sólo la luz tenue de mi lámpara me alumbra. Canción triste mientras todo el mundo está en el feliz mundo de los sueños, un mundo que ahora no puedo alcanzar.
No sé cómo he llegado a este punto. Describo mi vida sin tener nada interesante que contar. ¿Qué te ha pasado Musa? ¿Hades te llevó al reino de los muertos? Ya hace tiempo que no apareces. Te lo has llevado todo... ¿Se lo estás dando a otro? Aparece. Si me apuras, dame una esquela y déjame morir sin imaginación.
No es posible haberme quedado sin ideas. Siempre habrá algo que recordar, escribir, plasmar y por supuesto difundir. Sin las palabras no somos nadie.
¡Oh Musa!
Te lo ruego, vuelve a mi. Te trataré bien, pero alejame del tormento de lo normal, dame algo extraordinario, una idea, un concepto. Yo lo desarrollaré, pero por favor... aparece.
Y es eso lo que esperamos toda la vida, a que algo o alguien aparezca y nos saque de nuestro profundo y aburrido letargo.
Que nos haga vivir, sentir como nunca. Ser felices y queridos.
Un tema recurrente los sentimientos.
Allá por donde vas, allá por donde pases, siempre los verás.
Pintados en una pared en forma de odio... de ternura.
A una mujer gritando a su hijo, desesperada, quien no para de llorar y patalear en el carro. Vemos sus ojeras de no descansar.
Al hombre trajeado en la otra acera, hablando por teléfono mientras sonríe.
Soledad. Yo, sentado en un banco describiendo dos situaciones opuestas. Distinto resultado.
Una calle vacía. Noche, las farolas alumbran tu paso mientras una pareja, ahora enamorada, se da la mano y él intenta algo más. Me miran raro, pero ¡oh Musa! Sólo espero a que tú vengas mientras un perro me huele los pies y deja su huella en la pata del banco.
El dueño tranquilo pasea con la correa en le cuello, despreocupado.
Os observo a todos, tranquilamente, con mi bloc. Sólo busco eso que encienda la chispa.

¿¡Pero qué veo, Musa!? ¿Es tu forma carnal? Eres bella, tal y como intuía, pero no... no puede ser, debes venir a mi... pero en cambio ni siquiera has girado tu hermosa cara.
Volviendo a casa, mojado, llovía pero no quería paraguas, me senté en un café a esperarte, pero como todos los días desde que te fuiste, no apareciste y ya no me sorprende Musa, pero creo que te estoy notando llegar otra vez.
Salgo del ascensor sin mirar y tropiezo. A mis pies una hermosa mujer de pelo negro y vestido blanco, resaltando sus ojos verdes.
¿Musa eres real?
¡Oh Musa!
Me sonreíste, y ahora giro mi cara y veo tu bello cuerpo esculpido sobre mis sábanas. ¿Casualidad? No. Has vuelto. Escuchaste mis ruegos.
Veo como pintas y me inspiras.
¡Oh Musa!
No te vuelvas a ir, sería otra vez esa alma errante sin sentido vagando por cada rincón de la cuidad buscándote.
¡Oh Musa!
Aprovecharé cada instante y te haré sentir mi reina.
¡Oh Musa!
Gracias por devolverme la sonrisa.
 Nyx.

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