viernes, 16 de diciembre de 2011

Alto precio

Las velas se apagaron de repente debido a una súbita ráfaga de viento que llegó de la nada. El frío iba tomando posesión de la habitación, y su respiración se convertía en vaho blanco que se perdía en la oscuridad de la estancia. Los latidos de su corazón resonaban por todas partes como tambores que anuncian la llegada de algo malo, algo perverso e inhumano; fueron acallados por unos pasos en la lejanía, que se acercaban lentamente, haciendo crujir el viejo suelo de madera. Había funcionado, y ahora... Ahora empezaba a arrepentirse. No tuvo tiempo para pensarlo dos veces, sin embargo. La puerta se abrió con un chirrido y por ella se colaron unos tímidos rayos de luz contra los que se recortaba una esbelta figura negra.

—Has venido... —bisbiseó con torpeza y temblando de pies a cabeza.

La criatura ladeó la cabeza y dio la impresión de que la temperatura bajó otro par de grados de golpe. Sin boca y sin voz dijo:

—Me has llamado.

Aquella voz impersonal, asexuada e inexistente penetró en lo más profundo de su ser, dejándola desamparada y totalmente indefensa. Pero había sacrificado demasiado como para abandonar ahora. Lo deseaba tanto... Dos lágrimas gemelas cayeron por sus mejillas; no sabía si eran de terror o de felicidad.

—¿Estás lista? —le instó aquella sombra que parecía relamerse en la total oscuridad que rodeaba sus rasgos.

Ella asintió con ahínco y sin parar de tiritar. Así, aquel ser extendió uno de sus brazos y apretó el puño. Ella gritó como nunca antes lo había hecho, un chillido desgarrador que rompió el silencio de la noche. Y entonces, todo acabó. Su respiración estaba muy agitada, y grandes gotas de sudor le perlaban la frente. No se había dado cuenta, pero las velas se habían vuelto a encender. Si bien tuvo que apoyarse en la pared, logró incorporarse. Había surtido efecto, debía haber funcionado. Se digirió a toda prisa hacia la otra punta de la habitación, donde destapó un polvoriento espejo que no había sido usado desde hacía muchos años. Y lo vio. Era ella de nuevo, joven, hermosa. Sintió una arcada, pero logró contenerse. Se sentía vacía. Aquellos ojos que volvían a contemplar su recién recuperada belleza ya no brillaban como antes, estaban muertos, eran dos abismos sin final. Fue ahí cuando un pequeño brote de pánico y arrepentimiento nació en su interior. Desde aquel día, aunque nunca la vió, la chica no podría olvidar una sonrisa tenebrosa dibujada en el oscuro rostro del mal.



3 comentarios:

  1. BBbbbrrrr la piel de gallina. Genial!

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  2. M'encanta!! Jo de tu em pensaria continuar-lo, té molt bona pinta. Per cert el blog genial, m'he fet fan :D Cuida't!!

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  3. Muchas gracias a los dos :) Puede que algún día lo use como idea para alguna de mis novelas. ¡Un saludo!

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